“La educación técnica es la base de crecimiento de un país”

Construir un sistema educativo completo y pertinente pasa por mejorar la oferta de los programas técnicos y tecnológicos. Semana Educación habló con el rector de la Universidad ECCI, una de las instituciones abanderadas en ofrecer estos programas en el país.

El sector educativo no está respondiendo con las capacidades que están demandando las empresas. El Banco Mundial advirtió que 47% de los empleadores en el país tiene dificultades para encontrar talento humano con las habilidades necesarias. Para ayudar a solucionar esta brecha de capital humano, la educación técnica, que involucra un alto grado de saberes específicos relacionados con actividades laborales, es fundamental. El país todavía no tiene la relevancia que debería (solo 11 % de los egresados tiene una formación técnica y tecnológica, según el Banco Mundial) pero este es un asunto de vital importancia. Por esta razón, será uno de los temas de los que se hablará en la Cumbre Líderes por la Educación 2017, el evento más importante del sector educativo en Colombia.

Y es que en Colombia son pocas las instituciones que ofertan estos programas. De las 288 instituciones de educación superior en todo el país, solo 35 imparten formación técnica profesional acreditada. Con el fin de abordar este vacío, nació hace cuatro décadas la Universidad ECCI (Escuela Colombiana de Carreras Industriales).

En el marco de la celebración de los 40 años de esta universidad, Semana Educación habló con el rector Fernando Soler para conocer su experiencia al frente de una de las instituciones de educación superior con programas técnicos y tecnológicos más reconocidas en el país, lo que le ha enseñado sobre las necesidades educativas de Colombia.

Semana Educación (S.E.): ¿Cuál es la importancia para el país de que se estudie más carreras técnicas y tecnológicas?

Fernando Soler (F.S.): La importancia para el país radica en que tradicionalmente se consentía demasiado a las profesiones liberales. Como dicen popularmente, había mucho cacique y poco indio. Entonces estaba invertida la pirámide. Para una empresa por cada profesional en cada área determinada debe haber más personas que acaten las directivas, y acá estaba sucediendo lo contrario. La industria colombiana empezó a quedarse más atrás y los niveles de producción bajaron completamente. Cuando eso se detectó, vino una misión de la Unesco a recomendar la formación técnica y tecnológica, que era la base de crecimiento de cualquier país del mundo. Se necesitaba la gente que ejecutara. La cosa era tal, que se llegó al momento en que podía ganar más un técnico que un profesional porque eran muchos menos y más codiciados por el mercado. De tal manera que las carreras técnicas y tecnológicas cobraron auge en función de la necesidad, aunque todavía hoy hacen mucha falta.

S.E.: ¿Cómo ha sido la evolución de la universidad?
F.S.: Empezamos labores en 1977, con 4 programas y solo 18 estudiantes. Se inició con carreras sin competencia, porque venían a remediar necesidades en el sector educativo que hasta ahora no habían sido abordadas: Electromedicina, para el mantenimiento de equipos médicos, Tecnología de los Plásticos (que todavía sigue siendo una oferta exclusiva de la universidad en todo el país), Electrónica Instrustrial y la Mecánica Automotriz. Entonces estos cuatro programas fueron acreditando a la institución porque tenían bastante demanda. Con la ley 30 de 1992, pudimos ofrecer otros programas diferentes de los fundacionales. Entramos a ofrecer programas en las áreas de Sistemas, Comercio, Mercadeo, Publicidad, de Salud y Derecho, el último programa que registramos. En este momento contamos con 42 programas en la universidad y 6 facultades.

La ECCI se ha venido consolidando paso a paso y en ningún momento ha dejado de crecer. Tenemos en este momento cerca de 20.000 estudiantes, una sede en Bogotá y otra en Medellín, ofertando el mismo tipo de formación. En cuanto a posgrados tenemos cuatro especializaciones presenciales, tres virtuales y 2 maestrías hasta el momento. La universidad ha recibido múltiples distinciones. En 1999, la Agrupación Internacional de Mercadotecnia y Calidad  le entregó el Worldwide Prestige Award por su modelo de ciclos propedéuticos que fue una innovación en América Latina y modelo para muchos otros países. Acá vinieron de Perú, México, Venezuela, Ecuador a ver cómo era.

S.E.: ¿Cómo ese modelo de los ciclos propedéuticos?
F.S.: Es un modelo que se trajo de Europa, lo manejaban las fachshule de Alemania, las grandes écoles de Francia y las universidades politécnicas de España. En este modelo hay un primer ciclo tecnológico y uno segundo profesional. Así, las instituciones de educación superior pueden ofertar la carrera técnica, luego la tecnológica y finalmente la profesional. Esto permite un patrón de formación muy social, porque el muchacho puede desarrollar más de la mitad de su carrera, de formación tecnológica, pagando mucho menos por sus créditos. Luego  obtiene el título de tecnólogo y con este se puede defender ya, aliviar a la familia en los costos, mientras sigue adelante con su carrera profesional. De tal manera que este sistema en cualquiera de los casos sale muy favorable a los estudiantes. La ECCI fue la primera institución en ofrecerla en el país. Introdujimos este cambio que fue luego replicado por varias instituciones.

 S.E.: ¿Y sus estudiantes normalmente terminan la carrera profesional?

F.S.: Normalmente sí. O hacen la siguiente operación: salen tecnólogos, se vinculan al mercado profesional por unos años mientras se capitalizan o consiguen de más experiencia, y regresan luego. Muchos se vinculan al mercado ocupacional tan pronto se hacen tecnólogos y la gente a veces piensa que eso es deserción. Pero siempre regresan, solo que tienen esa facilidad.

S.E.: ¿Qué retos ve en la educación colombiana?
F.S.: Los retos más grande que yo veo es el cambiar de paradigma, porque la formación que nosotros impartimos es muy competitiva, no colaborativa. Acá todos queremos ser líderes a la fuerza, somos demasiado individualistas. Eso ha llevado a una mentalidad en la que, por conseguir lo que queremos, no importa echarle el codo al vecino. Eso daña la construcción de cualquier proceso.

También hay que mejorar el hecho de que desperdiciamos demasiado. Esa fue una de las críticas que nos hicieron en el año pasado en el Foro Mundial de Líderes Educativos en Corea del Sur; criticaban que para nosotros es basura lo que para ellos es materia prima. Nosotros cualquier cosa que medio entrada en vejez la botamos a la basura. Ellos compran la chatarra de todos los países y las convierten en cosas útiles. Por eso no tienen materias primas, pero son exportadores de una gran cantidad de productos desarrollados. Por ejemplo, para ellos las llantas son un tesoro, porque las trituran y con eso hacen un asfalto que dura más y es de mejor calidad.   

Otra cosa es que allá adoran a sus empresas. No existen los sindicatos, porque saben que cuando a la empresa le va bien eso contribuye a la mejora del país. Acá lo primero que piensan cuando una empresa está funcionando bien es montarle su sindicato a ver cómo le sacan plata.

S.E.: ¿Cuales son los planes a futuro de la ECCI?

F.S.: Ahora vamos a enfilar baterías hacia la investigación y hacia los posgrados, que son los proyectos que pueden proyectar mejor a la universidad Además, queremos enfocarnos más a que la educación conduzca a productos. Esa es otra cosa que tenemos que mejorar en el país. Una educación que no llegue a productos se queda a mitad de camino. Acá la tesis de pregrado de todos los estudiantes conduce a un prototipo, se hace la exposición de la tesis de grado y luego esa tesis va a parar a un anaquel, aunque el aparato que funcione. Pero no se hace la segunda parte que es, una vez obtenido el prototipo, mirar a ver cómo hace la producción. Esa es una cosa que queremos mejorar.


Fuente Original: http://www.semana.com/educacion/articulo/semana-educacion-entrevista-semana-educacion/538056